MICHAEL PHELPS

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En la vida de un deportista olímpico hay algunos hitos que lo cambian todo. La primera medalla, el primer oro (si llega), la primera gran derrota y la primera vez que el récord parece al alcance de la mano. Sin embargo, igual de importante es la última competición en unos Juegos Olímpicos, y al nadador estadounidense Michael Phelps (Baltimore, 1985) ese momento le ha llegado esta semana, tras lograr cinco medallas de oro y una de plata en Rio 2016.

“Si me hubiera preguntado si ese resultado era bueno, hace un año o dos, le habría dicho que sí. Ser capaz de ganar cinco medallas de oro más en los Juegos Olímpicos y una de plata, no hay mejor forma de terminar una carrera”, explicaba poco después de subirse al pódium en una entrevista abierta mantenida en OMEGA House, el punto de encuentro que la relojera suiza ha instalado en plena Villa Olímpica. Phelps es un colaborador habitual de la firma, que lleva desde 1932 cronometrando las competiciones olímpicas. “Llevamos mucho tiempo juntos y siento que son parte de mi familia”, explicó. “Tienen el mejor sistema de cronometraje, sabemos que sus tiempos son perfectos y no hay nadie más con quien querría estar”.

El encuentro, en el que compartía espacio con otros dos mitos de la natación –Chad Le Clos y el legendario Alexander Popov–, se convertía así en un momento ideal para reflexionar y hacer balance de los quintos Juegos Olímpicos de Phelps. “Habría sido impresionante romper un récord mundial”, explicó el nadador a propósito de las expectativas que tenían puestas en él numerosos expertos. “Hice un mejor tiempo, pero no batí ningún récord mundial. Hice mi mejor carrera de relevos de 100. Pero en general, esto es exactamente lo que quería”. Se refirió también a sus extraordinarios resultados en los 200 metros mariposa. “Puedo ver esa carrera y decir que ha sido una de las mejores de mi vida”, explicó ante el público que se había concentrado en OMEGA House para conocer su testimonio.

Phelps firma su foto en blanco y negro en el pequeño 'hall of fame' de OMEGA House en la villa olímpica de Río 2016.

Phelps llegaba reforzado por sus triunfos y también por la emoción. “Creo que pensaba que iba a ser mi última vez. Éste era mi último encuentro, mi último entrenamiento, mi última competición. Eso es lo que se me pasaba por la cabeza todo el tiempo y se me venían imágenes de mi carrera de nadador durante los últimos 24 años. Eso hizo que me emocionara”. Este cambio se ha apreciado, sobre todo, en su comportamiento público